Siempre nos hacemos ilusiones con las personas, y la ilusión es directamente proporcional a la desilusión. Pensamos que en realidad no son así cuando meten la pata,o que terminarán cambiando...Y nos encerramos en un ideal del que no somos conscientes, porque es más bonito luchar por algo, que rendirse a la primera de cambio.
He llegado a la conclusión de que no podemos cambiar a nadie, tenemos que cambiar nosotros mismos y adaptarnos a ellos, pero hasta que punto estamos dispuestos a dejar atrás nuestro orgullo? Hay veces que eso es imposible....